La Argentina atraviesa un tiempo que exige fortalecer la confianza de nuestro pueblo en la política, en sus instituciones y en la capacidad del Estado para contribuir de manera eficiente a la solución de los problemas concretos de la sociedad. Recuperar ese vínculo significa acercar nuevamente la política a las necesidades cotidianas de los argentinos y fortalecer una conducción capaz de atender el presente y, al mismo tiempo, planificar el futuro.
Este desafío también interpela al movimiento sindical. Desde APOC entendemos que la actividad gremial no puede quedar circunscripta exclusivamente a la defensa de las condiciones laborales. APOC participa activamente en proyectos referidos al desarrollo nacional, el empleo, la producción, el ambiente, la transparencia, la incorporación de nuevas tecnologías y el fortalecimiento de instituciones públicas.
En ese marco debe analizarse el aprovechamiento de nuestros recursos naturales. La minería, los hidrocarburos, la pesca, los bosques, el suelo y el agua constituyen recursos estratégicos que, administrados responsablemente, pueden contribuir al crecimiento y al desarrollo de nuestro país.
El verdadero desafío ya no consiste solamente en discutir si esos recursos deben ser aprovechados o no, sino en determinar bajo qué condiciones debe desarrollarse su explotación y qué capacidades necesitamos para garantizar que esas actividades sean ambientalmente sostenibles, socialmente legítimas, económicamente transparentes y adecuadamente controladas. Se trata, en definitiva, de procurar un modelo de desarrollo capaz de compatibilizar producción, trabajo, crecimiento económico y protección ambiental.
Esta mirada exige también reconocer sus límites. Ninguna actividad productiva, considerada aisladamente, puede resolver los problemas estructurales, económicos y laborales de la Argentina. La minería constituye un ejemplo. En abril de 2025 registraba alrededor de 38.800 puestos de trabajo formales directos, equivalentes aproximadamente al 0,6% del empleo privado asalariado registrado del país. Su incidencia puede ser muy significativa en determinadas provincias y localidades, pero debe ser entendida como uno de los caminos a transitar dentro de una estrategia de desarrollo más amplia e integral. Su contribución tampoco puede evaluarse exclusivamente por el empleo directo. Debemos considerar su capacidad para generar nuevas oportunidades de trabajo, desarrollar proveedores locales, incorporar tecnología y conocimiento, construir infraestructura, generar divisas y recursos públicos, capacitar trabajadores y dinamizar las economías regionales.
El objetivo debe ser que el aprovechamiento de nuestros recursos se traduzca en capacidades que permanezcan en los territorios. La riqueza puede ser temporal, pero debemos procurar que el desarrollo generado a partir de ella tenga efectos duraderos para las generaciones futuras.
Para evaluar esos resultados necesitamos información confiable, transparencia y organismos de control presentes. Las nuevas formas de producción incorporan tecnologías cada vez más sofisticadas y eficientes. Procesar enormes cantidades de información en tiempo real o en forma concomitante, es el desafío de los tiempos; Esta transformación presenta una inigualable oportunidad para modernizar las herramientas de control.
La inteligencia artificial puede contribuir a realizar controles más eficientes, oportunos y que permita acercar los organismos de control a los problemas de los argentinos. Pero existe un principio fundamental: la tecnología no reemplaza a las personas; colabora con ellas y potencia sus capacidades. No sustituye al auditor, al inspector, al profesional ni al trabajador público. Permite procesar información, detectar riesgos y orientar los recursos disponibles hacia aquellos lugares donde el control resulta más necesario. Vemos con satisfacción, en este sentido, el avance de los organismos de control hacia la incorporación de nuevas herramientas que permitan fortalecer sus capacidades institucionales.
Esta concepción debe aplicarse transversalmente a la administración de nuestros recursos naturales: a la actividad minera, a los hidrocarburos y al adecuado cierre y abandono de sus instalaciones, a la protección de nuestros recursos pesqueros, al cuidado de los bosques, al uso responsable del suelo y, especialmente, a la administración de un recurso estratégico como el agua.
Los antecedentes de pasivos ambientales nos enseñan la importancia de contar con controles oportunos y permanentes. La finalidad debe ser cada vez más preventiva: identificar los riesgos antes de que se conviertan en daños y acompañar responsablemente todo el ciclo de las actividades productivas. El crecimiento económico del presente no puede construirse comprometiendo las posibilidades de desarrollo ni el ambiente que recibirán las generaciones futuras.
Consideramos necesario avanzar en la creación de un Fondo Ambiental Anticíclico, con asignaciones sociales taxativas e integrado por aportes de las empresas vinculadas al aprovechamiento de nuestros recursos, destinado tanto a afrontar contingencias y pasivos ambientales como a canalizar acciones de Responsabilidad Social Empresarial en educación, salud, capacitación, infraestructura e innovación, procurando que parte de los beneficios de la actividad permanezca en las comunidades y contribuya a su desarrollo futuro.
La lógica que proponemos es sencilla: los recursos naturales pueden ser temporales; el desarrollo que construyamos a partir de ellos debe procurar ser permanente.
Desde APOC creemos que no existen soluciones mágicas ni actividades capaces de resolver por sí solas los problemas estructurales de la Argentina. Existe, en cambio, un camino que debemos transitar: producir, generar empleo, aprovechar responsablemente nuestros recursos, diversificar nuestra economía y fortalecer simultáneamente la capacidad del Estado para controlar.
Como organización gremial vinculada profundamente al control público, asumimos también nuestra responsabilidad. Queremos trabajadores públicos capacitados para los desafíos tecnológicos que vienen, organismos de control modernos y presentes, y un sindicalismo que participe activamente de la discusión sobre el modelo de desarrollo que nuestro país necesita.
Nuestro pueblo necesita volver a creer en la política y en un Estado eficiente, transparente y cercano a sus problemas. Recuperar esa confianza requiere resultados, pero también requiere que la sociedad pueda conocer qué se hace con sus recursos, quién se beneficia, cuánto recibe el Estado, cuánto queda en las provincias, qué empleo se genera y cómo se protege el ambiente.
Ese es el compromiso que asumimos desde APOC: contribuir a un Estado presente, un control público moderno y un desarrollo que genere oportunidades sin hipotecar el futuro.
Transparencia para volver a creer.

Dr. Hugo Buisel Quintana
Secretario General